La Navidad, la celebración de la sencillez

Os voy a contar esta historia de Navidad

El 4º mago

Cuenta una vieja leyenda que cuando los magos salieron de Belén, cuando habían desaparecido lejos de las colinas con sus camellos, apareció un cuarto mago ante Jesús, María y José….
Vino de muy lejos: su tierra natal era el país que bañaba el Golfo Pérsico. Cuando vio surgir la estrella, decidió dejarlo todo, abandonarlo todo y dejarse guiar por esta nueva luz. Con él había traído su tesoro más raro: tres perlas preciosas del tamaño de un huevo de paloma.

En el camino, se detuvo en un hotel y al entrar en su habitación, vio, acostado en un banco, a un anciano que había perdido peso y temblaba de fiebre. Nadie sabía quién era, pero como su bolso estaba vacío, tuvieron que tirarlo al día siguiente. A su vista, el mago no pudo evitar tomar una perla de su cinturón, dársela al posadero para que le cuidara y encontrara un médico que la atendiera….


Al día siguiente, nuestro amigo se fue. El camino seguía un valle desértico donde enormes rocas se encontraban dispersas entre los matorrales. De repente, el mago oyó un grito: los soldados habían tomado a una joven y estaban a punto de violarla. Por segunda vez, el viajero puso la mano en su cinturón, tomó una perla nueva y se la ofreció a los soldados a cambio de la liberación de la joven….

Alrededor del mediodía, nuestro caminante vio una ciudad en llamas. Al acercarse, vio a un soldado atacando a un niño muy pequeño y a una madre en pánico mendigando. Nuestro hombre sacó la última cuenta de su cinturón y se la dio al soldado para que pudiera devolverle el niño a su madre….


Ahora ya era de noche; la calma había vuelto y el mago llegaba delante del establo donde acababa de nacer Jesús. Empujó lentamente la puerta, contempló a María que tenía al niño entre sus brazos y luego se acercó y se postró humildemente susurrando: “Señor, perdóname, no tengo nada que ofrecerte, vengo con las manos vacías….”.
Así que contó su historia…

Cuando el mago terminó su historia, reinó el silencio en la sala. Por un momento, el viajero permaneció con la frente apoyada en el suelo. Luego se atrevió a mirar hacia arriba…. Entonces recibió en su corazón el rostro radiante de Jesús y los ojos que le ofrecieron su sonrisa más maravillosa….
(Basado en un cuento de Joannes Joergensen)

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